Los planes de emergencia y autoprotección surgieron hace ya años en los hoteles debido a las particularidades de sector. Pero, ¿se ha avanzado lo suficiente en esta materia?¿la implantación de estos planes es eficiente?

Hoy recordaba una frase de Eduardo Mallea, que decía que lo nuestro, si algo tenía de nuestro y de distinto, era el parecido con nuestro propio recuerdo, y así, recordándome, en ese telar interesado que es la mente, aparecían imágenes de mis primeros años de trabajo muy ligados al sector hotelero y concretamente elaborando los entonces llamados “Manuales de Autoprotección”.

Lo cierto es que hace ya 25 años, el sector hotelero no era ajeno al concepto de autoprotección, es decir, a tener una organización interna para una ‘protección-propia’ que permitiese reaccionar ante situaciones que requiriesen una respuesta inicial y rápida en el tiempo (emergencias), como un incendio o una asistencia sanitaria urgente.

Y es que, los empresarios del sector, cercanos a su realidad cotidiana, ya comprendían las dificultades que se derivaban al pernoctar en sus alojamientos una gran cantidad de personas que no eran conocedoras de las instalaciones y sus recorridos (en algunos casos complicados o extensos). Con este objetivo, era práctica extendida la elaboración de estos manuales de autoprotección en los hoteles de mediano y gran tamaño.

Además, existían criterios de aplicación específicos, como la Orden de 25 de septiembre de 1979 sobre prevención de incendios en establecimientos turísticosEste enlace se abrirá en una ventana nueva, o la norma básica de la edificación «NBE-CPI/96: Condiciones de protección contra incendios de los edificios »Este enlace se abrirá en una ventana nueva, y con ellas, los requisitos a nivel de protección que debían cumplir estos centros con uso “residencial público”.

Y por otra parte, una guía (en mi caso, ajada su edición impresa por la frecuencia de uso), referida a la Orden de 29 de noviembre de 1984 por la que se aprueba el Manual de Autoprotección para el desarrollo del Plan de Emergencia contra Incendios y de Evacuación de locales y EdificiosEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Esta guía describía con carácter de mínimo, la redacción de un manual de cuatro documentos, que ordenadamente analizaba las posibles situaciones de emergencia, verificaba los medios de protección disponibles, establecía pautas de actuación en función de los anteriores y por último, requería una organización y un conjunto de acciones para su implantación real.

Los grandes operadores turísticos internacionales ya requerían por entonces que los alojamientos contasen con estos “planes de emergencia y evacuación”. La razón indiscutible para todos los actores, antes y ahora, es que sin un plan establecido, la improvisación da infrecuentes resultados, especialmente en situaciones de emergencia.

Situación actual

Tiempo después, las normas básicas que hemos repasado arriba, se convirtieron en los documentos que conforman el actual Código Técnico de la EdificaciónEste enlace se abrirá en una ventana nueva. Se transfirieron las progresivamente las compatencias en materia de turismo a las distintas Comunidades Autónomas que, con ligeras modificaciones, hicieron públicas sus normas y las hicieron evolucionar hasta la situación actual: una regulación (con algunas diferencias en su contenido según la región de aplicación) que obliga a la práctica totalidad de estos establecimientos (hoteles) a tener lo que llamamos hoy, un Plan de Autoprotección.

El contenido mínimo de estos planes, se encuentra a nivel nacional en el Real Decreto 393/2007Este enlace se abrirá en una ventana nueva, o en el equivalente en su normativa autonómica de aplicación, que vienen a mejorar sustancialmente el esquema básico indicado en los cuatro documentos citados.

Sin embargo, a lo que realmente obligan todas estas normas es a la implantación real de cualquier Plan de Autoprotección, es decir, a que una vez establecida la suficiencia de los sistemas y medios disponibles y las pautas más adecuadas, el conjunto de acciones sea conocido por los empleados del establecimiento, y a que la formación en esta materia sea menos teórica y más práctica, y a que se realicen ejercicios de simulación hasta que se obtenga una relativa certeza de que la respuesta inicial a una emergencia sanitaria o la evacuación de los ocupantes puede realizarse con seguridad y en un tiempo razonable.

Y en esto, los resultados son desiguales entre centros. Pese a que hoy en día contamos con contenidos y formatos más atractivos para formar a los empleados, aún se producen implantaciones del Plan de Autoprotección no demasiado eficientes.