Trabajos en Altura en Prevención de Riesgos Laborales

Durante los últimos años hemos experimentado un espectacular desarrollo en técnicas, metodologías y materiales específicos para la prevención de los riesgos derivados de la realización de trabajos en altura gracias, en gran medida, a la aplicación del conocimiento de la física más elemental y la concienciación preventiva.

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Cómo controlar la exposición laboral al formaldehído

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Espacios Cardioprotegidos. Salvar una vida en cuestión de segundos

Según datos de la Fundación Española del Corazón y del Consejo Español de Resucitación Cardioulmonar, en España ocurren alrededor de 30.000 muerte súbitas al año y cerca de 20.000 intentos de reanimación tras un paro cardiaco. El índice de supervivencia se sitúa en el 4%, mientras que en Estados Unidos y otros países europeos, gracias a la presencia masiva de desfibriladores semiautomáticos (DESA), el porcentaje se eleva hasta el 50%.

 

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Sensibilización y Concienciación

La sensibilización y la concienciación, fundamentales en la prevención de los riesgos laborales

Como técnico de prevención creo que, 22 años después de la publicación de la Ley de prevención de riesgos laborales (LPRRLL), sigue faltando concienciación y sensibilización por parte de los trabajadores sobre la importancia de protegerse y adoptar las medidas preventivas necesarias para evitar un accidente de trabajo (AT) o una enfermedad profesional (EP).

 

Cuando imparto un curso de Prevención de Riesgos Laborales compruebo que, en la mayoría de los casos, los trabajadores ya conocen los riesgos de sus puestos y las medidas preventivas a adoptar, bien porque han recibido esa formación anteriormente, o bien porque se les ha informado a través de manuales y/o folletos informativos. Y esto, pensarán, que es una buena noticia, y lo es. El problema radica en que muchos de esos trabajadores, pese a tener el conocimiento, no cumplen las medidas preventivas que depende de ellos aplicar, incrementando así la posibilidad de sufrir un AT y/o EP que se podrían haber evitado.

Por ello, es muy importante incluir en estos cursos, técnicas, herramientas y actividades que fomenten también la sensibilización en la materia y la concienciación del trabajador para cumplir las normas de seguridad y salud en el trabajo.

Es igual de importante trasmitir esos conocimientos (sobre riesgos y medidas a adoptar en el puesto de trabajo) que llegar a motivar al trabajador para que cambie rutinas inseguras en su trabajo, y apueste de verdad por su seguridad y salud.

Los que nos dedicamos a la formación, como actividad esencial para la prevención de los riesgos laborales, tenemos también la obligación de sensibilizar y concienciar.

¿Cuántas veces hemos recogido una carga del suelo curvando la espalda en lugar de flexionando las piernas y manteniendo la espalda recta? Y, en este caso, no hay excusas, ¡se tarda lo mismo! Y lo que es peor todavía, ¿cuánta gente lo hace aun habiendo padecido alguna vez un lumbago?

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (o incluso alguna más), pero en este caso, en el que está en juego su seguridad y salud, debería esforzarse más para evitarlo.

Si comparamos cómo viajábamos en el coche familiar cuando éramos pequeños y cómo lo hacemos ahora (utilizando los sistemas de retención infantil con nuestros hijos, abrochándonos el cinturón de seguridad, etc.), podemos comprobar que, a través de muchas y diversas campañas de sensibilización y concienciación, hemos entendido la importancia de la seguridad vial, hemos cambiado nuestra forma de actuar y con ello, se ha conseguido reducir la siniestralidad en la carretera. Y esto es lo que tenemos que aplicar al ámbito de los riesgos laborales.

En cualquier caso, también creo que si esta sensibilización y concienciación viniera desde la infancia (al estudiante en el colegio, en el taller del instituto, aprendiendo un oficio, en los laboratorios de la universidad, etc.), otro gallo cantaría, porque lo que se aprende como un hábito, nunca se olvida.

El que lleva toda la vida haciendo algo de una manera insegura, es difícil que, con la edad, quiera cambiarlo. Por ello, hasta que la Prevención de Riesgos Laborales no se enseñe también a otros niveles (a través de los colegios, institutos, universidades, etc.), el trabajo de sensibilización y concienciación que los formadores debemos hacer, será una labor más difícil aunque eso sí, me resisto a creer que imposible.

Autora: Laura del Río, Técnico de Prevención de Riesgos Laborales en Quirónprevención

ATEX (Atmósferas Explosivas)

La explosión no tendrá lugar hoy

Al hablar de “explosión”, a la mayoría se nos viene a la mente un suceso de gran violencia y consecuencias desastrosas para las personas y los bienes. Entre las diversas causas que pueden originarla se encuentran las atmósferas explosivas (ATEX).

La humanidad ha utilizado ampliamente la combustión de una atmósfera explosiva de forma controlada para utilizarla como fuente de energía, como en el funcionamiento de un motor de gasolina o el reactor de un cohete espacial. Estamos familiarizados con este tipo de explosiones, por lo que somos capaces de aplicar medidas preventivas para evitar los sucesos accidentales que pueden conllevar consecuencias muy graves para la seguridad y salud de las personas.

El concepto “atmósfera explosiva” hace referencia al volumen que ocupa una sustancia inflamable mezclada con el aire en proporciones adecuadas para inflamarse en presencia de una fuente de ignición (superficie caliente, arco eléctrico, electricidad estática,…etc.).

Las sustancias inflamables están presentes en muchos sectores empresariales y en el ámbito doméstico, pudiendo presentarse en forma de gas, vapor, niebla, polvo o fibra. Algunas de estas sustancias son muy conocidas, como la gasolina, el butano o el gas natural, pero otras no, como la harina, el azúcar o el polvo de cereales (trigo, cebada, entre otros), por lo que es vital su identificación para poder adoptar medidas de control de su peligrosidad.

Para conocer y entender mejor la peligrosidad de las atmósferas explosivas, deberíamos asimilar su denominación normativa y técnica por la de “ambientes inflamables”. A mayor volumen de ambiente inflamable, peores consecuencias, desde la llamarada que produciría la inflamación de un escape de gas de una bombona de butano al aire libre, a la rotura violenta de un edificio que produciría la inflamación de ese mismo escape debido a que el ambiente inflamable puede llegar a ocupar todo el volumen de una vivienda debido a peores condiciones de ventilación.

Para poder evitar la inflamación de una atmósfera explosiva podemos actuar sobre los siguientes factores:

  • Sustancia inflamable: Si no hay sustancia inflamable no hay ambiente inflamable, p.ej. sustituyendo sustancias inflamables por otras que no lo sean, o disponiendo de un detector asociado al corte automático de una instalación de gas inflamable.
  • Mezcla con el aire de la sustancia inflamable: Si la sustancia inflamable no se mezcla con el aire no hay ambiente inflamable, p.ej. no poniendo en suspensión las capas de polvo inflamables acumuladas en el suelo durante su limpieza.
  • Rango de inflamación: Si la mezcla de sustancia inflamable con el aire no tiene la concentración adecuada no hay ambiente inflamable, p.ej. aumentando la ventilación de un lugar donde se emiten gases o vapores inflamables, o utilizando un sistema de aspiración de polvo inflamable.
  • Nivel de oxígeno: Si el ambiente es pobre en concentración de oxigeno no hay ambiente inflamable, p.ej. inertizando un depósito con un gas inerte como el nitrógeno.
  • Fuente de ignición: Si no hay fuentes de ignición no se puede inflamar el ambiente inflamable, p.ej. evitando procesos de soldadura o la descarga de electricidad estática debida a ropa y calzado no adecuado.

Estos factores se pueden representar gráficamente en un pentágono, en el que si eliminamos cualquiera de sus vértices evitamos el suceso explosión:

Aplicando esta sencilla regla podríamos haber evitado, desde las numerosas explosiones por gas en viviendas, hasta la mayoría de los 276 accidentes de trabajo por explosión ocurridos entre Enero y Octubre de 2017, según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Autor: Antonio Jesús Ruz López, Técnico de Prevención de Riesgos Laborales en Quirónprevención

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