
Las adicciones en el entorno laboral constituyen una problemática compleja que va más allá del consumo de alcohol u otras drogas. En las organizaciones actuales también adquieren relevancia las adicciones conductuales, como la adicción al trabajo, el uso compulsivo del correo electrónico, la dependencia de los dispositivos digitales o la conexión permanente a redes y plataformas corporativas.
Aunque algunas de estas conductas pueden confundirse con compromiso, responsabilidad o alta motivación, sus efectos sobre la salud mental, la seguridad y la productividad pueden ser muy significativos.
Una de las formas más invisibles es la adicción al trabajo o workaholism, término acuñado por Wayne E. Oates en 1971. Este fenómeno se caracteriza por una dedicación excesiva e incontrolada al trabajo, a menudo vinculada al miedo al fracaso, al perfeccionismo o a la necesidad de demostrar valía personal.
A corto plazo puede interpretarse como ambición o productividad; sin embargo, a medio y largo plazo favorece el agotamiento crónico, la ansiedad, la depresión, el insomnio, los problemas cardiovasculares y el síndrome de burnout.
Junto a ello, la hiperconectividad y la sobreexposición tecnológica se han convertido en factores de riesgo psicosocial. La disponibilidad constante, la revisión continua del correo electrónico y la presión por responder de inmediato generan fatiga mental, dispersión de la atención y dificultades para desconectar. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo advierte de que estos patrones pueden afectar al descanso, la conciliación y la salud mental, cardiovascular y musculoesquelética.
El consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas también tiene un impacto directo en el ámbito laboral. Según la Encuesta 2019/2020 sobre consumo de sustancias psicoactivas en el ámbito laboral en España, las sustancias más consumidas entre la población trabajadora son el alcohol, el tabaco, los sedantes hipnóticos y el cannabis. Este consumo puede reducir el rendimiento, aumentar el absentismo y el presentismo, deteriorar la calidad del trabajo e incrementar el riesgo de accidentes laborales.
Las consecuencias no afectan únicamente a la persona que sufre la adicción. También repercuten en los equipos de trabajo mediante conflictos interpersonales, pérdida de confianza, aislamiento, desequilibrios en el reparto de tareas y aumento de la tensión laboral.
Cuando la organización no ofrece apoyo ni mecanismos de prevención, el clima puede deteriorarse y consolidarse un entorno en el que el malestar se normaliza o se oculta por miedo al estigma, a la sanción o al despido.
La cultura organizacional desempeña un papel decisivo:
- Los entornos que premian la hiper productividad, las jornadas prolongadas, la competencia extrema o la disponibilidad permanente favorecen la aparición y el mantenimiento de conductas adictivas.
Por el contrario, las organizaciones que promueven el autocuidado, la desconexión digital, el equilibrio entre vida personal y profesional y el acceso confidencial a apoyo psicológico contribuyen a prevenir estos riesgos.
Abordar las adicciones en el trabajo exige una estrategia integral, preventiva y sostenida. La sensibilización, la formación en salud mental, la capacitación de mandos intermedios, las políticas de bienestar laboral y los programas de asistencia al empleado son herramientas esenciales. Además, resulta clave crear espacios seguros donde pedir ayuda sea entendido como un acto de responsabilidad y no como una debilidad.
En definitiva, las adicciones en las organizaciones son un riesgo silencioso pero relevante. Su prevención requiere mirar más allá del individuo y actuar sobre los factores culturales, tecnológicos y estructurales del trabajo. Solo así será posible construir organizaciones más saludables, sostenibles y productivas.
Pilar Facius
Referente Técnico del área de Psicosociología de Avanta Prevención
Referencias bibliográficas




